Bosque de Secuoyas

Cuando pensamos en secuoyas, lo primero que se nos viene a la cabeza es California. Árboles gigantescos que están muy lejos, difíciles de visitar a menos que hagamos un gran viaje.

Pero por suerte, tenemos uno aquí en España. A veces pienso que tenemos infravalorada nuestra tierra, solemos recorrernos muchos kilómetros para descubrir lugares, y resulta, que mucho más cerca tenemos joyas como ésta.

Este bosque se encuentra al lado de Cabezón de la Sal.

El motivo de por qué están allí, es porque a finales de los años 40 debido a la política del país se empezó a reducir la importación de madera, con lo cual la solución fue plantar árboles que crecieran a gran velocidad, 1,80 m por año. Así que se plantaron varias especies, entre ellas las secuoyas. Cuando la situación política cambió, estos árboles, unos 848, permanecieron allí, hasta que en 2003 fue declarado Monumento Nacional.

Nosotros llegamos sobre las once de la mañana, aparcamos en un parking que hay para ellos, a unos 500 metros. Tened cuidado porque hay que ir por el arcén (habilitado) de la carretera, y hay que llevar a los niños bien seguros. Una vez allí, pasamos por una pasarela de madera, ideal si lleváis carrito o silla de ruedas. El problema es que luego se acaba y para adentrarte tanto con silla o carrito, es imposible, hay humedad y zonas con barro. Así que tenedlo en cuenta.

Los árboles son enormes, imposibles de abrazar una sola persona, y altos, muy altos. Vaya cosa no? pues no dejó de impresionarme aunque ya sabía a lo que iba.

Sí, quizás yo soy así, pero este viaje quise vivirlo intensamente, sintiéndolo todo, y disfruté muchísimo.

Podéis dar un paseo por este bosque, pasa un pequeño riachuelo, y disfrutar de la naturaleza un buen rato. Aunque no se tarda mucho.

Entre foto y foto se nos hizo la hora de comer, y nos decantamos por un barrenillo con menú que había en Cabezón de la Sal.

Espero que os haya gustado y que disfrutéis vosotros también.

En resumen:

  • Aparcamiento gratuito
  • Camino hacia el bosque por el arcén (cuidado)
  • Adaptado la mitad del camino para sillas
  • En una hora y cuarto se visita
  • Quedarás impresionado por la magnitud de estos árboles.
  • Temperatura agradable en pleno verano por la humedad.

CUEVAS DEL SOPLAO

Una de nuestras visitas obligadas en Cantabria, era la Cueva del Soplao. Había oído hablar muy bien de ella, y no queríamos perdérnosla.

Me pareció una actividad ideal para hacer en familia, pues había leído que eran espectaculares, no nos defraudó, además para acceder a ellas, lo hacías en un trayecto corto en un tren. Con lo cual ví que todo unido podía hacer de esta actividad algo especial.

La Cueva del Soplao fue descubierta por los mineros a principios del siglo XX. Lo de Soplao es un término que utilizaban ellos cuando notaban la presencia de aire al calar una galería desde otra con menos oxígeno. Por eso se denomina así esta Cueva.

Cuenta con más de 20 km de recorrido entre sus galerías, aunque accesibles para la visita sólo son unos metros. Hay una actividad a parte, es una ruta de dos horas y media con guía por zonas menos accesibles, te dan la equitación, y es para mayores de 12 años. 

Es apta para todos,  además el 90% del recorrido es accesible para sillas de ruedas. Pero no está permitida la entrada de carritos de bebés.

Bueno, y después de todo esto os contaré nuestra mañana.

El camino hacia la Cueva fue algo fuera de lo que estamos acostumbrados en nuestra tierra. Había niebla y lloviznaba, apenas se veían cinco metros de la vía, una carretera estrecha, llena de curvas, dónde con dificultad cabían dos coches, pasando por en medio de las aldeas y pueblitos de la zona. A ambos lados de la calzada sus gentes, pocas personas, la mayoría de avanzada edad, en sus oficios, o charlando entre ellos, también las vacas, pastando a sus anchas, como en toda Cantabria, una estampa preciosa y difícil de olvidar.

Tardamos unos 45 minutos en llegar desde nuestro campamento base, un recorrido de unos treinta kilómetros. Pero lo hicimos relajados, disfrutando. A ratos bajábamos la ventanilla del coche dejando pasar el airecillo fresco, que olía tan bien, a campo, a verde, a fresco.

A la vuelta, el camino fue otro, y la carretera era mucho mejor, donde va a parar. Aunque el verde siguió presente durante todo el trayecto.

La entrada la sacamos previamente por internet, lo puedes hacer desde la propia web de la cueva, y elegir el horario que mejor se adapte a vosotros. Creo que esto fue un acierto, cuando llegamos había gran cantidad de gente, más de la que esperaba. Así que os animo a sacarla con antelación, y no os quedéis sin poder entrar una vez que estéis allí.

Como llegamos con tiempo suficiente, una vez aparcamos (parking gratuito), sacamos los tickets de unas máquinas, sin hacer cola, y nos tomamos un café calentito, sí, calentito en pleno julio. El tiempo seguía alborotado, lluvia ligera, niebla y mucha humedad.

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CAFETERÍA (imagen de la web Cueva del Soplao)

Esta foto corresponde a la cafetería, y estás son sus vistas, con una gran cristalera. En nuestro caso sólo se veía niebla, pero aún así la imagen era preciosa.

Cuando se aproximó nuestra hora entramos por un pasadizo que nos llevó a la larga cola, para esperar al tren, una recreación minera para trasladarnos a la galería de la Isidra, y así entrar a la cueva. Esto le encantó a los más pequeños, y a mí también.

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Via de entrada a la Cueva

Por cierto los menores de tres años no pagan entrada pero tienen que ir sobre un adulto en el tren.

Una vez bajamos del tren nos reunimos todos los visitantes con la guía, que nos iba explicando la historia de la cueva  y llevándonos de un sitio a otro mostrándonos las estalactitas, estalagmitas y las, recién conocidas para mí, excéntricas.

La temperatura allí es de 12 grados más o menos, así que os recomiendo llevar alguna chaqueta o sudadera, además de calzado adecuado pues en varias ocasiones el peque se resbaló, al estar todo húmedo y mojado.

La visita no llega a una hora, y en ella te llevan por diferentes pasarelas, que con un juego de luces y música te adentran en un ambiente relajado, dónde te imaginas como se ha formado gota a gota toda su estructura. Las fotos están prohibidas, así que mayoría las he sacado de internet. Otra cosa importantísima es que no se debe tocar nada, pues para que se forme un solo centímetro tarda muchísimo tiempo.

Me impactó mucho el color de la cueva, ya lo veréis, blanco. Y os explicaran el por qué. Tampoco quiero ir desvelando mucho más.

Al final de la visita, la vuelta de nuevo es en el tren. Tenéis una tienda de recuerdos, por si queréis comprar alguna cosilla, también baños, y la cafetería que os había comentado antes.

Espero que os sirva de ayuda nuestra experiencia, y que, como siempre me comentéis cualquier duda que tengáis, o por el contrario, aportéis algún dato revelan que yo no haya dicho.

En resumen:

  • Comprar entradas previamente
  • Parking gratuito
  • Abrigarse del frío
  • Calzado cómodo